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POBLADO DE LAS ERETAS - EDAD DEL HIERRO (Berbinzana)

Las Eretas - Vista general


Localización Poblado de Las Eretas - Berbinzana Las Eretas de Berbinzana es un poblado de la Edad del Hierro datado en los siglos VI-IV a.C. El nombre le viene de las eras que había en el terreno donde se asienta el yacimiento, donde se realizaban las labores de trilla de la mies en los meses estivales.

En el segundo milenio antes de Cristo se extendió por buena parte de Europa el ritual funerario de incinerar a los muertos y depositar las cenizas en urnas u otros tipos de contenedores para luego enterrarlas en necrópolis situadas fuera de los poblados. Estas prácticas se extendieron desde el Europa Central y zonas atlánticas interiores hacia el sur y el occidente de Europa. Es la llamada “cultura de los Campos de Urnas”. En la Península estas influencias llegaron en el paso del segundo al primer milenio a.C. Las últimas investigaciones hablan más de aculturación que de inmigración de grandes contingentes de pobladores del otro lado del Pirineo. No sólo cambian los modos de enterramiento. Se generaliza el uso de los metales con la multiplicación de los centros metalúrgicos. Los grupos humanos son más numerosos y jerarquizados. Se produce una intensificación de las relaciones comerciales con el uso del carro y el caballo como animal de tiro.

Las Eretas se enmarca dentro de esta órbita cultural cuyas influencias llegaron hasta Navarra por el Ebro y los pasos pirenaicos.

El terreno donde está situado el poblado de la Edad de Hierro de las Eretas estaba destinado a un complejo deportivo municipal. Ante el interés de los hallazgos, fruto de las excavaciones de los años 1.991 y 1.992 dirigidas por Javier Armendáriz Martija, se decidió preservar el yacimiento y tras las campañas de 1.994, 1.995 y 1996, el Ayuntamiento de Berbinzana procedió a ponerlo en valor y habilitarlo para la visita.

Berbinzana cuenta hoy con algo más de 700 habitantes. Situado a orillas del río Arga, ya desde la antigüedad era un lugar idóneo para el establecimiento de grupos humanos que aprovechaban las tierras fértiles del entorno.

Las Eretas - Muralla y empalizada reconstruida

La ubicación del poblado es poco habitual. Generalmente los asentamientos de la Edad del Hierro ocupaban cerros para mejorar su defensa en este periodo de movimientos poblacionales y conflictos por el dominio del territorio. Las Eretas, en cambio, se encuentra en la llanura aluvial que forma el Arga. Para cubrir las necesidades de defensa, se levantó una potente muralla de metro y medio de espesor que estaba reforzada con bastiones cúbicos destacados en planta. El aparejo es de sillarejo hecho con grandes bloques que en algunos casos llegan al metro de largo. La muralla alcanzaba los cuatro metros de altura y estaba rematada por una empalizada de madera. Imponente debía ser en aquel entonces, hace 2.500 años, la perspectiva del poblado junto al río.

Las excavaciones han dado muestras de un urbanismo avanzado. Las casas se articulan en torno a una calle central que recorre en toda su extensión el poblado. La calle fue pavimentada primeramente con cantos rodados y posteriormente con losas de piedra. Junto a la entrada, en el sector suroeste, la muralla se complementa con un bastión para reforzar la defensa del acceso a la ciudad. Las viviendas son de planta rectangular adosadas a la muralla por uno de los lados cortos. En el opuesto se sitúa la puerta, que da a la calle principal. Se levantaban con muro de tapial sobre zócalo de piedra y techumbre vegetal a una sola vertiente.

Las Eretas - Hornos del Poblado Se ha localizado también en el poblado un obrador para la elaboración de pan con dos hornos.

Entre los materiales encontrados en la excavación destaca un molde de fundición para hachas que acredita la práctica de la metalurgia en el poblado de Las Eretas.

Otros hallazgos de importancia, estos relacionados con las creencias de ultratumba, son los seis enterramientos infantiles que han aparecido en el poblado. Las necrópolis de incineración estaban extramuros, fuera de las murallas del poblado. En cambio, los niños no eran incinerados. Si morían antes de la dentición, es decir, en el nacimiento o durante los primeros meses de vida, eran inhumados en el interior del poblado, bajo el suelo de las viviendas. Parece que los bebés fallecidos no eran considerados todavía integrantes de pleno derecho del grupo social. En las excavaciones arqueológicas del poblado de las Eretas aparecieron seis enterramientos infantiles. Este ritual funerario diferenciado aparece en más poblados protohistóricos, como el Alto de la Cruz, la Peña del Saco, etc. En las Eretas además se dio un hallazgo inusual: apareció un doble enterramiento de niños. Eran gemelos.

También se han encontrado molinos de mano de tipo barquiforme que nos hablan de la actividad principal a la que se dedicaban los habitantes del poblado: la agricultura.

El poblado de Las Eretas, declarado Bien de Interés Cultural, es un ejemplo de actuación arqueológica y didáctica. En 2.002 fue abierto al público. El área excavada es aproximadamente la quinta parte de la superficie que debió ocupar el poblado. Se estima que en el poblado de las Eretas vivieron entre 150 y 200 personas.

Poblado de Las Eretas - Casa de la Edad del Hierro reonstruida in situ

Para la mejor comprensión del poblado protohistórico, se ha reconstruido parcialmente su muralla, una torre y una vivienda de la época. El museo abierto junto al poblado facilita la comprensión del yacimiento. Conocer Las Eretas es un ameno acercamiento a la vida en la Edad del Hierro.

© Julio Asunción
julioasuncion@hotmail.com

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Localización poblado de Las Eretas - Berbinzana

El poblado de las Eretas se encuentra dentro del casco urbano del municipio de Berbinzana, localidad de la zona media de Navarra, a 50 kilómetros al suroeste de Pamplona. A la entrada del casco urbano ya encontramos indicaciones para llegar al poblado de la Edad del Hierro.

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  Poblado de Las Eretas

Horario: mayo, junio y septiembre abre los sábados de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 19:00 horas. Domingos de 11:00 a 14:00.

Julio, agosto y Semana Santa abre de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 19:00 horas. Domingos de 11:00 a 14:00.

Lunes cerrado.

Resto de fechas y visitas concertadas llamando al teléfono:

699 90 76 50.

No obstante, el yacimiento se puede ver a cualquier hora desde fuera del vallado.

Geolocalización:

x 596080
y 4709194

mapa 1:25.000 173-III Larraga

 

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OLITE – MURALLAS ROMANAS

Torre de las murallas de Olite


Localización Murallas romanas de Olite Olite es cabeza de la merindad de su nombre. Se encuentra en la zona media, en un lugar estratégico de transición entre la Ribera y la Montaña navarra. Está a 5 kilómetros de Tafalla y a 42 de Pamplona, en la carretera Nacional 121 Pamplona-Tudela.

Es una de las localidades más monumentales de la Comunidad Foral. Su castillo-palacio, mandado levantar por el rey Carlos III el noble a comienzos del siglo XV, es una de las grandes joyas medievales de Europa. Es fácil trasladarse a la Edad Media paseando por sus calles al tiempo que admiramos enclaves singulares como la fachada de la iglesia gótica de Santa María la Real o la esbelta torre de la iglesia de San Pedro apostol.

Pero con un poco más de imaginación podemos retroceder aún más en el tiempo hasta los orígenes de la ciudad. La primera mención escrita de Olite la tenemos en la Historia Regibus Gothorum de San Isidoro. En ella, San Isidoro narra que la ciudad fue fundada por el rey godo Suintila dentro de un contexto de lucha contra los vascones. Esta fuente hizo creer durante mucho tiempo que la antigüedad de Olite se remontaba al año 621 d.C. Pero la existencia de la ciudad se remonta varios siglos atrás. Los hallazgos epigráficos, y, sobretodo, los restos del recinto fortificado romano, nos hablan de una ciudad tardorrepublicana o altoimperial, es decir, al menos con una antigüedad del siglo I d.C.

Torre - Murallas de Olite Ante el esplendor del castillo-palacio de los reyes de Navarra, pasa a menudo desapercibido para el visitante el recinto fortificado con las torres romanas que aún se conservan y que se completa con otras torres medievales fruto de la posterior ampliación del recinto urbano. La fortificación romana es el mejor recinto amurallado romano que se conserva en Navarra.

Fue en el año 1.946 cuando los investigadores de la romanización en Navarra Blas Taracena y Luis Vázquez de Parga se dieron cuenta de la manufactura romana de varias de las torres.

Seguramente Olite fue un establecimiento militar romano que se encargaba de vigilar la calzada que unía Caesaraugusta (Zaragoza) con Pompaelo (Pamplona). Era un oppidum, es decir, fortaleza amurallada construida en un alto, ya que la parte más antigua de Olite, la protegida por el recinto fortificado primitivo, se encuentra en un pequeño cerro. La muralla, que formaba un recinto de planta trapezoidal de 600 metros de perímetro, estaba reforzada con 20 torres que originariamente alcanzaban los 14 metros de altura. Todas las torres son cuadradas y estaban separadas por tramos de muralla de 30 metros. Hoy quedan 12 torres y algún fragmento de lienzo de muralla.

En el sector occidental del recinto amurallado, en la actual Rua romana, se aprecian las mejor conservadas. Dos torres mantienen su estructura original desde su base hasta la altura de 3 metros. Es fácil distinguir la obra romana de la medieval. En el aparejo romano, los sillares son de considerable tamaño. En algún caso llegan a sobrepasar el metro de longitud. Además buena parte de ellos son almohadillados. Precisamente este detalle llevó a datar la muralla con anterioridad al siglo II d.C. ya que este tipo de labra es habitual en las murallas imperiales y republicanas, no en las bajoimperiales. C. Jusué las data en el siglo I d.C por su forma de construcción, su aparejo y por la aparición de una moneda del emperador Trajano. M. Ramos relaciona la muralla con las Guerras Sertorianas, lo que retrotraería la construcción a época tardorepublicana (s I a.C).

Torre romana integrada en la torre campanario de la Iglesia Otras torres romanas están integradas en casas modernas. En la entrada al Palacio Real se puede apreciar que la base del campanario de la iglesia de Santa María era una de las torres romanas.

 

 

Otro vestigio romano es el Palacio Viejo o de los Teobaldos, hoy convertido en Parador Nacional. Es una construcción rectangular con torres en las esquinas que es heredera del praetorium o vivienda del general o jefe del campamento militar. Posteriormente este edificio fue convertido en castillo-palacio por Sancho VII el Fuerte a comienzos del siglo XIII.

Parador - antiguo Praetorium

 
Rua San Francisco - Antiguo cardo romanoDentro de la estructura urbanística de Olite han quedado muestras del trazado romano. El Cardo Máximo seguía la actual rúa de San Francisco, que atraviesa longitudinalmente el antiguo recinto romano. Las dos entradas principales de la ciudad romana son por las que hoy se entra al casco antiguo de Olite. La actual torre del reloj o del Chapitel, una de las puertas de la ciudad, conserva en su parte baja paramentos de origen romano. El Decumano Máximo partía de la Placeta y atravesaba la segunda belena de San Francisco. Estas dos arterias establecían los ejes máximos del establecimiento romano, 155 metros de longitud del Cardo Máximo y 150 metros en el Decumano Máximo. En total el campamento militar tenía una superficie aproximada de 2 hectáreas.

En la Edad Media la ciudad creció y con ella su muralla. El amurallamiento medieval se distingue del romano por el uso de piedras de menor tamaño trabadas con argamasa. El recinto amurallado con la prolongación medieval duplicó la logitud de su perímetro, de 600 a 1.240 metros. En lo que eran fosos de defensa que rodeaban parte del recinto romano se construyeron las galerias subterráneas medievales que hoy se pueden visitar

Las fuentes escritas no han dejado huella de la antigua ciudad romana de Olite. No debió tener la importancia de Calahorra, Zaragoza o Pamplona. Pero ha quedado su impronta en el trazado urbano de la ciudad y en los restos de fortificaciones. Futuros hallazgos arqueológicos podrían dar más datos de esta ciudad romana de nombre desconocido, ya que el actual nombre de Olite proviene de Oligicus, la refundación de la ciudad por el rey godo Suintila.

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Localización Olite – Murallas romanas

Olite está a 42 Km. de Pamplona, y a 5 Km. de Tafalla, junto a la N-121 Pamplona-Tudela. Las torres de la muralla mejor conservadas están en la Rua Romana.

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Murallas romanas de Olite

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ALTO DE LA CRUZ DE CORTES – Poblado prehistórico

Alto de la Cruz de Cortes con el Moncayo al fondo


Localización Alto de la Cruz - Cortes de Navarra Si hay un yacimiento arqueológico que podemos considerar “clásico” dentro de la historiografía arqueológica de Navarra ese es el poblado del Alto de la Cruz de Cortes. Cuando el profesor Maluquer de Motes, a mediados de los años 50 del siglo XX publicó las conclusiones de las numerosas campañas de excavaciones que se habían realizado desde el año 1.947, el Alto de la Cruz, también conocido como el poblado de Cortes de Navarra, pasó a ser un referente para el estudio de la Edad del Hierro. Las últimas excavaciones han sumado importancia al yacimiento al retrotraer la antigüedad del mismo al siglo IX a.C, convirtiéndolo en un singular ejemplo del proceso de transición desde la Edad del Bronce a la del Hierro.

El Alto de la Cruz es un tell, es decir, un montículo artificial formado por la acumulación de las ruinas de los diferentes poblados prehistóricos que existieron aquí a lo largo de los siglos. Se levanta sobre el llano una decena de metros. Tiene aproximadamente una hectárea de superficie (115 por 77 metros). Se encuentra a cuatro kilómetros y medio del río Ebro y a dos de la localidad de Cortes.

A lo largo de más de medio milenio existieron en el Alto de la Cruz varios poblados que se fueron superponiendo. El estudio del yacimiento muestra la evolución desde las chozas circulares de finales de la Edad del Bronce a las casas de rectangulares de la Edad del Hierro. Es un ejemplo sumamente valioso de la aparición y evolución del urbanismo durante el primer milenio a.C.

Panel a la entrada del yacimiento Uno de los poblados quedó destruido por un incendio. Ello hizo que tanto las estructuras de las casas como los ajuares de las mismas quedaran sepultadas bajo los escombros, dejando un documento único de cómo era un poblado protohistórico del siglo VI a.C.

En el Alto de la Cruz las casas estaban alineadas en dos calles y adosadas entre sí, mostrando un urbanismo planificado. Las paredes se construían con adobe, ya que la piedra es escasa en la zona. Los suelos eran de barro y yeso pisado. Gruesos postes de madera de pino sostenían los techos de madera, ramas y barro. Las paredes interiores se recubrían con barro y se encalaban de blanco con decoraciones en rojo principalmente geométricas, dominando los motivos triangulares. Se encontraron varias figuritas antropomorfas pintadas casi a nivel del suelo que parece marcaban el lugar de enterramiento de niños pequeños bajo en suelo de las casas. La práctica de la inhumación de niños en el interior de las viviendas era muy habitual en los poblados de la Edad del Hierro.

El interior de las casas aparecía dividido en tres compartimentos: vestíbulo, vivienda y despensa. El vestíbulo se usaba para almacén provisional durante la época de recolección, depósito de leña y en ocasiones tenía un telar. La vivienda era la parte más espaciosa de la casa. En su centro había un hogar para el fuego. En una de las paredes se construía un banco corrido que era usado como basar donde se depositaban los recipientes cerámicos además de asiento de los habitantes de la casa. La despensa se situaba al fondo de la casa. En ella se almacenaban en grandes tinajas las provisiones de cereales y se guardaban las herramientas de trabajo. Según los investigadores el poblado pudo llegar a tener entre 300 y 350 habitantes y 60 casas.

El Alto de la Cruz dio una ingente cantidad de materiales arqueológicos que sirvieron para esclarecer como vivían las poblaciones del valle del Ebro en el primer milenio a.C. Destaca el importante conjunto de cerámicas, dominando los vasos de forma bitroncocónica hechos a mano. De metal destacan las fíbulas, broches con los que sujetaban las capas y prendas de vestir. Prueba de la actividad metalúrgica en el poblado son el horno para fundir mineral y los moldes de arenisca con los que realizaban instrumentos y armas de hierro y bronce. Pero la economía del poblado se basaba principalmente en la agricultura, aprovechando la fértil vega del río Ebro. Aparecieron numerosos molinos de tipo barquiforme, con los que molían el grano.

Un hallazgo importante fue la aparición de idolillos de barro en los que se representa muy esquemáticamente la figura humana y que fueron los primeros de este tipo hallados en la Península Ibérica. Se pueden ver en el Museo de Navarra.

Parece ser que el Alto de la Cruz fue finalmente abandonado de forma pacífica en el siglo IV a.C. ya que en los poblados superiores no hay restos de incendio. Una de las causas pudo ser el traslado a otro lugar con mejores defensas naturales.

Cima del alto de la cruz

El pequeño cerro está hoy rodeado de una acequia que seguramente sigue el antiguo foso que defendía el poblado. Apenas quedan a la vista restos de las viviendas. Muchas estructuras se perdieron con el paso del tiempo debido a su construcción en adobe. Otras se han vuelto a cubrir tras la excavación para preservarlas. Aun así, es interesante acercarse a conocer un lugar clave dentro de la arqueología de la Península Ibérica. Pasearse por el Alto de la Cruz es caminar sobre más de siete siglos de Historia.

A pesar de la poca altura del cerro, las vistas desde el Alto de la Cruz son muy amplias. Al Norte las Bardenas. Hacia el Sur el gigante Moncayo. Es el Mons caius de los romanos, monte cano por la nieve que adorna su cima cuando ha desaparecido hace tiempo de los montes de alrededor. El Moncayo con su riqueza minera marcó la importancia estratégica de toda esta zona y se cree que llegó a ser un monte sagrado para las poblaciones que vivían en esta parte del valle del Ebro. Era el horizonte de quienes durante siglos habitaron este pequeño poblado sin saber que luego se hablaría de ellos en muchas facultades de Historia.

© Julio Asunción
julioasuncion@hotmail.com

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Localización Alto de la Cruz de Cortes – Poblado prehistórico

Cortes es la población situada más al sur de Navarra. Se encuentra a 120 kilómetros de Pamplona y a 22 de Tudela. Se accede a la localidad por la salida 116 de la A-68. Antes de entrar en la población, a la izquierda sale la carretera que lleva al cementerio. A 200 metros al sur del cementerio, al otro lado de la carretera, está el Alto de la Cruz. Para acceder al yacimiento podemos desandar la carretera 220 metros y a la derecha sale un camino entre los campos de cultivo que lleva al yacimiento.

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Localización Alto de la Cruz de Cortes

Alto de la Cruz de Cortes – Poblado prehistórico

Geolocalización:
x 629040
y 4643007

mapa 1:25.000 321-I Cortes

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ACUEDUCTO ROMANO DE LODOSA

Acueducto de Lodosa - Vista general

Localización Acueducto romano de Lodosa El acueducto Alcanadre - Lodosa, también conocido en la zona como “Puente de los Moros”, es uno de los legados arqueológicos mas importantes que dejaron los romanos en Navarra. Está declarado Monumento Histórico-Artístico.

En 1977 y 1978 se realizaron excavaciones para ampliar los conocimientos sobre el monumento, lo que ayudó a conocer su estructura original.

Destacan las dimensiones de los pilares, que en la mayoría de los acueductos conocidos son más estilizados. Ello se debe a que tenía que salvar el cauce del Ebro y los pilares debían soportar la fuerte corriente y las grandes crecidas del río. También es inusual la anchura del acueducto, lo que hace pensar en la posibilidad de que fuera utilizado como puente para atravesar el Ebro. De hecho, la leyenda cuenta que por el pasaron los santos mártires Emeterio y Celedonio cuando eran llevados presos a la ciudad de Calahorra. Allí fueron decapitados en el año 300.

La canalización tenía 108 arcos, de los que actualmente quedan trece. La dimensión de las arcadas es de 4,80 metros de luz. Los pilares tienen 1,10 metros de ancho. El ancho del acueducto es de 1,5 metros. El tipo de construcción se compone de un revestimiento de sillarejo que forma la caja con una fábrica interna compuesta por un aglomerado de mortero y cal.

Acueducto de Lodosa - Vista desde el Oeste

Acuaducto romano - canalización romana a cielo abierto Junto al área de descanso que se encuentra junto a la carretera que une Lodosa y Mendavia, la canalización romana continúa encajada en el terreno y a cielo abierto un centenar de metros. Alcanza los dos metros de profundidad y una anchura media entre 2 y 2,5 metros. En esta parte podemos ver un aliviadero para regular el caudal del agua.

 

Acueducto de Lodosa - Restos de pilares La canalización empezaba en la Sierra de Codés, donde nacen dos ríos, el Linares y el Odrón. El destino era abastecer la importante ciudad romana de Calagurris (Calahorra). Actualmente existe una canalización para riego a partir de la presa moderna que está en la unión de los dos ríos. Atraviesa todo el término de Mendavia y llega hasta Lodosa, siguiendo una trayectoria semejante a la que debió seguir el canal romano. La longitud total de la canalización romana, desde la presa hasta Calahorra, era de unos 30 kilómetros. De esta gran obra romana destacan los restos del acueducto, que sigue todavía en pie junto al Ebro.

Dada la capacidad de canalización de la obra, parte del agua se usaría para fines agrícolas a lo largo de su trayecto. Las dimensiones del canal son realmente extraordinarias incluso para el abastecimiento de agua de una ciudad antigua. Es atractiva la hipótesis ya elaborada por el padre Moret del empleo de parte del agua para Naumaquias, batallas navales simuladas que se harían en el circo romano de Calagurris. Indicios de ello son los restos del acueducto que hoy se encuentran a la entrada de Calahorra, en la carretera de Arnedo, junto con el hallazgo de conductos de plomo por donde se encaminaba el agua al circo.

Respecto a su cronología, por su similitud con otros acueductos conservados, parece que fue construido en el siglo II de nuestra era, en tiempos de los emperadores Trajano y Adriano, ambos de origen hispano.

Cerca del acueducto pasa el GR 99, Camino Natural del Ebro. Podemos acercarnos también al acueducto desde Lodosa a pie siguiendo este sendero en un cómodo paseo de 2,5 kilómetros siguiendo la ribera del río.

MAPA DE YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

Localización acueducto romano de Lodosa

El acueducto romano está entre Lodosa y Mendavia junto a la NA- 134. A algo mas de dos kilómetros de Lodosa, entre los kilómetros 70 y 71, entre la carretera y el rio Ebro, se encuentra el acueducto justo en el límite de Navarra y la Rioja. Allí hay un aparcamiento donde puede dejarse el coche.

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Acueducto romano de Lodosa

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INDICE DE RUTAS

MENHIR – ESTELA DE SOALAR - Elizondo

Menhir de Soalar en el patio del museo de Elizondo

Localización Museo Elizondo Dentro de la riqueza megalítica de Navarra, el valle de Baztán tiene un papel destacado. De los más de 1.500 megalitos catalogados en la Comunidad Foral, en Baztán se encuentran más de 600. De ellos, más de cien son menhires. Uno destaca sobre los demás. Y es que la estela - menhir de Soalar es una pieza excepcional dentro del megalitismo de la Península Ibérica. Esta importancia se debe a los grabados que presenta en una de sus caras.

La historia de su hallazgo y de cómo ha llegado hasta nosotros es, cuando menos, rocambolesca. En 1973, el capuchino y estudioso del megalitismo Francisco Ondarra lo descubrió en el collado de Soalar. Estaba caído y con los grabados hacia el suelo, lo que pudo facilitar su conservación. En 1.992 desaparece de Soalar y es encontrado de nuevo por Ondarra a 15 km. de distancia. La iba a utilizar el dueño del terreno como dintel del caserío que se estaba construyendo. Apercibido de que no podía hacer eso, el menhir queda allí hasta que desaparece otra vez en el año 2003. Había sido trasladado a una casa particular y era utilizado como soporte para ¡una canasta de baloncesto!

Los miembros del grupo Hilharriak, que tanto han hecho para fomentar el conocimiento y protección del patrimonio prehistórico de Baztán, dan aviso las autoridades de la surrealista ubicación y del peligro que corría el monumento prehistórico. Patrimonio toma cartas en el asunto haciéndose cargo del menhir y en colaboración con el Ayuntamiento de Baztan es trasladado al Museo Etnográfico Jorge Oteiza de Elizondo.

La gran pieza, de arenisca roja del Baztán, tiene 4,50 m. de altura, lo que convierten al menhir – estela de Soalar en uno de los más altos de Navarra y País Vasco. Pesa tres toneladas de peso. Tiene un acusado carácter antropomorfo. Pero lo más importante, lo que hace excepcional a la pieza, son sus grabados. Grabados de hace más de 4.000 años que convierten al menhir en la estatua prehistórica de un gran guerrero fuertemente armado.

A simple vista destaca la representación de una alabarda, especie de hacha con cabeza triangular más ancha junto al mango y acabada en punta. Muy cerca de la alabarda se aprecia una cazoleta perfectamente excavada en la piedra. Pero hay más. Expertos en arte prehistórico de la Universidad de Alcalá de Henares examinaron la pieza rigurosamente. Mediante el procesado informático de las fotografías obtenidas con diferentes iluminaciones, lograron obtener un calco de todos los grabados.

La estela está enmarcada por una serie de trazos que la recorren verticalmente representando esquemáticamente la túnica o manto del guerrero.

Menhir de Soalar y sus representaciones 

La parte superior representa la cabeza con un casco o capucha triangular. Sobre su cara, un grabado ondulado se ha identificado con la representación simbólica de una serpiente. También podría ser un tatuaje o pintura de guerra, adorno corporal que se practicaba desde el Paleolítico y que aun hoy siguen usando las sociedades primitivas. Para representar uno de los ojos del guerrero se aprovecho una cazoleta natural, la otra se talló. A la altura del pecho se aprovechan los volúmenes de la piedra resaltándolos con dos grabados semicirculares para representar los petos de una armadura. Los que tallaron la estela de Soalar aprovecharon las formas naturales de la piedras (oquedades, pliegues, abultamientos) para ayudarse en la representación. Esto recuerda a los grabados de muchas cuevas prehistóricas.

Menhir de Soalar - detalle de la alabarda En la parte inferior de la estela se aprecia perfectamente la alabarda, de 1,10 metros de longitud, con un piqueteado más ancho y profundo. El arma simboliza la esencia, el espíritu del guerrero, de ahí el protagonismo absoluto de ese grabado sobre los demás, mucho menos trabajados. Está sujetada con un cinturón grabado con dos finas líneas. La cazoleta que hay cerca de ella, a la derecha, es el centro de un escudo o de un símbolo solar. Más abajo otros círculos y un posible puñal. Seguramente la estela estuvo pintada. Se ha datado en la segunda mitad del III. milenio a.C.


Para entender el significado de esta gran escultura prehistórica hay que ubicarla en el lugar donde apareció. Soalar (del euskera “soro” campo y “lar” pastizal) se encuentra entre el conocido monte Autza y la localidad de Elizondo, a 4 kilómetros al este en línea recta de la capital del valle. La estela se encontraba en la parte más externa y visible del collado. Es un lugar desde donde se domina casi todo el Valle de Baztán.

El monte Soalar es un área megalítica, con dólmenes, crómlechs, túmulos y otros menhires. Uno se encuentra in situ a tan sólo 200 metros de donde apareció la estela armada. Otro, el de Burga, a poco más de medio kilómetro. En el collado también aparecieron restos en superficie que indican la existencia de un poblado al aire libre. Cabañas construidas con elementos perecederos que no han llegado a nosotros pero que indican que monumentos megalíticos y poblado ocupaban la zona más llana del collado, interrelacionándose.

Soalar se encuentra en una posición privilegiada para el control de la entrada al Valle de Baztán y de las vías de tránsito hacia el norte y este de los Pirineos.

En el III milenio a.C el Valle de Baztán estaba habitado por gentes del Calcolítico. Su economía era principalmente ganadera pero con conocimientos de la metalurgia. Gentes que lucharían por los recursos minerales y la explotación de los pastos y donde la defensa o conquista de los mismos llevaba a los guerreros a imponerse en lo más alto de la incipiente jerarquización social. La estela de Soalar es un símbolo de poder y control del territorio. Seguramente representaba a un antepasado real o mítico o a un dios guerrero protector de la comunidad.

Hoy, ya a salvo, podemos apreciar la fuerza que desprende el gigantesco guerrero, que ha cambiado los pastos de Soalar por los jardines del Museo Etnográfico Jorge Oteiza de Elizondo. De alguna manera sigue representando a la comunidad de incipientes metalúrgicos que habitaba el monte Soalar perpetuando en piedra su memoria y sus inquietudes religiosas.

MAPA DE RUTAS ARQUEOLÓGICAS

ÍNDICE DE YACIMIENTOS

Localización Menhir-estela de Soalar

Elizondo se encuentra a 58 kilómetros de Pamplona. Se llega a la capital del valle de Baztán por la carretera N-121. Tras pasar al túnel de Belate, en Oronoz-Mugaire hay que coger la N-121-B que recorre todo el valle.

El menhir-estela de Soalar está en el patio del Museo Etnográfico de Elizondo que se encuentra en la calle Braulio Iriarte, 36

Horario: L a V de 10 a 13,30 y de 16-19. S,D y festivos 10-13,30. En el museo  se puede conseguir un mapa de las rutas megalíticas por Baztán. Consultar horarios en temporada baja.

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Menhir-estela de Soalar

Mapa de yacimientos

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